El brillo del Orbe llenaba el espacio etéreo, pulsando con un ritmo que resonaba en sus corazones. Afrodita y Ethan permanecieron en silencio, observando cómo las constelaciones reflejadas en el suelo comenzaban a moverse, creando patrones que parecían entrelazarse en una danza infinita. Cada destello iluminaba fragmentos de sus pensamientos, dejándolos en un estado de expectación inquietante.
Afrodita dio un paso hacia el Orbe, sus dedos rozaron la luz que emanaba de él. Una sensación cálida la