El viento ululaba a través del valle desértico donde los dioses se encontraban. La misión los había llevado hasta el templo olvidado de Selene, la diosa de la luna, un lugar donde el tiempo parecía haberse detenido. La estructura, erosionada por milenios de abandono, se alzaba como un eco de lo que una vez fue un santuario majestuoso. Ahora, casi completamente enterrado bajo dunas eternas, el templo susurraba secretos en cada ráfaga de viento, cargado de un aroma terroso y frío, como si la mism