Mundo ficciónIniciar sesiónEl pitido del rastreador cortaba el aire como una alarma de bombardeo. Killian soltó un gruñido ahogado y, haciendo acopio de una fuerza que no debería tener, intentó apoyar los pies en el suelo.
La herida de su costado protestó de inmediato, empapando el vendaje fresco de un rojo brillante.
— ¡No te atrevas, Killian! — Aria puso ambas manos sobre sus hombros, empujándolo de vuelta al camastro — Si te levantas aho







