El aroma a café recién hecho y el eco de las risas de Eleanor en el jardín de The Cliffs deberían haber sido el bálsamo definitivo para ambos, pero para Killian, que había crecido bajo el látigo psicológico de los Sterling, la paz siempre se siente como una emboscada.
Esa mañana, mientras Aria dormía con una expresión de serenidad que él juró proteger con su vida, el despacho de Harrison se convirtió en una zona de guerra digital.
La pantalla del ordenador central parpadeó, saltándose todos los