Capítulo 30
—¡Basta! —grité mientras corría hacia ellos.
Empujé a Luciano con todas mis fuerzas para separarlo de Julián. Los dos respiraban agitados. Julián tenía el labio roto y Luciano los nudillos llenos de arena.
Me coloqué delante de Julián para impedir que Luciano volviera a golpearlo.
—¿Qué te pasa? ¿Quién te dio derecho a meterte en mi vida? No eres mi esposo, no eres mi padre y mucho menos puedes decidir con quién hablo o a quién beso. —Sentía el pecho subir y bajar con rapidez. La ra