El sudor corría por el cuerpo de Patrick, haciéndolo brillar bajo la tenue luz de las antorchas en aquel oscuro y clandestino lugar de apuestas.
Los gritos y el caos de la multitud se fundían en una sinfonía salvaje mientras él, lleno de furia y determinación, lanzaba golpes feroces. Sus puños conectaban con el rostro y el abdomen de su contrincante, pero en su mente solo existía una cosa: Amber.
La rabia que había sentido el día que ella se fue aún lo consumía. Sus recuerdos lo atormentaban,