El rey, después de soltar a Patrick, se retiró a su trono y se dejó caer en el asiento con una mezcla de agotamiento y reflexión.
Observó a su hijo durante unos segundos, recordando los días de su juventud, cuando su propia vida estaba marcada por decisiones que él no había tomado. Miró hacia la ventana, donde la luna iluminaba la noche, y por un momento, se dejó llevar por los recuerdos.
—Cuando tenía tu edad, Patrick —comenzó el rey, su voz más suave, como si hablara para sí mismo tanto como