Era una tarde fría cuando Patrick decidió salir a caminar por el pueblo, como solía hacerlo al atardecer. Las luces del día comenzaban a desvanecerse, bañando las calles en tonos naranjas y púrpuras.
El viento helado soplaba suavemente, pero dentro de él, algo ardía. Su mente seguía atrapada en los pensamientos de Amber. No sabía por qué, pero algo lo empujaba a vagar, a esperar ese encuentro que, de algún modo, sabía que sucedería.
Por otro lado, Amber también caminaba por las mismas calles,