Al día siguiente, me encontraba en casa, envuelta en abrigos y siempre cerca de la chimenea, intentando mantenerme caliente mientras el frío invernal hacía que mi aliento saliera en pequeñas nubes de vapor.
El fuego chisporroteaba de vez en cuando, pero aún así parecía que el frío se filtraba por cada rendija de la casa. A pesar de la tranquilidad que el fuego proporcionaba, mi mente estaba inquieta.
Pensaba en mi hermana, en David, en lo que había sucedido la noche anterior, pero sobre todo,