Aquella noche parecía distinta desde el momento en que puse un pie en el umbral de la casa. La nieve caía con fuerza, el frío era implacable y el aire, pesado, traía consigo un mal presentimiento que no lograba sacudirme.
A lo lejos, los lobos aullaban, su canto resonando en el viento, como si fueran guardianes silenciosos de nuestro hogar y de los secretos que allí se escondían.
La oscuridad lo envolvía todo, y sólo la tenue luz de la luna nos brindaba un respiro de claridad en medio de la t