Los días siguientes a la batalla en el Templo de los Veladores fueron un silencio punzante. No por falta de actividad, sino por el peso que arrastraba cada movimiento. Las grietas en los cristales, los vacíos en los registros, y las miradas perdidas de los sobrevivientes hablaban más alto que cualquier discurso.
Sariah no descansaba. Pasaba las noches entre los fragmentos del Espejo de la Verdad, buscando comprender la fractura que permitió la entrada de Virelya, y más aún, lo que podía hacerse