LAURENTH
La capa pesaba más que el mundo.
Estaba empapada de sangre, la mía, la de Aris, la de todos los que murieron—, y aun así el peso no venía de eso… sino de lo que habíamos hecho.
La guerra había terminado. Pero dentro de mí, el silencio era más ensordecedor que el rugido de la batalla.
Kael caminaba a mi lado, su pecho desnudo cubierto apenas por otra capa. Sus ojos, aunque cansados, seguían vigilando todo a nuestro alrededor.
A cada paso, el suelo crujía bajo nuestros pies. Detrás, Rhyd