LA GUERRA NO ESPERA.
ARIS
El norte respira con hielo y acero. Desde mi torre puedo sentir el latir de la tierra: tropas que se acomodan, hombres que afilan, lobos que husmean la frontera como si la piedra también tuviera olor. El olor a leña quemada y hierro llena mi boca. No permito que la rabia me gobierne; la rencilla es un fuego que hay que atizar con cabeza, no con impulsos. Hacer de la ira una maquinaria es mi arte ahora.
Reviso las líneas por enésima vez: vanguardia ligera en los bosques, escuadrones de choq