Capítulo 55. Eterna
Stella se recargó sobre el hombro de Lorenzo, él la tomó de la cintura y juntos caminaron al interior de la casa. Las luces se encendieron de repente, sorprendiéndolos.
—Y ustedes, ¿qué hacían afuera? —preguntó Valentina, con el ceño fruncido, como si fuera ella la adulta y ellos los niños desobedientes, atrapados en medio de una travesura.
La preocupación de la niña se debía a que se había despertado sola y los había buscado en la habitación sin éxito.
—¿Qué haces despierta, cariño? —preguntó