Capítulo 63. Epílogo
La pareja se separó cuando el aire empezó a faltarles, las mejillas de Stella estaban rojas como una manzana, sus labios ligeramente hinchados por el beso y Lorenzo sonreía con la felicidad de un hombre enamorado.
—¡Yupi, yupi! ¡Ahora, sí eres mi mamita! —gritó Valentina, levantándose de la silla y corriendo a los brazos de Stella, quien no dudo en abrazarla.
—Eres la hija de mi corazón, mi pequeña bribona —le susurró al oído. Valentina dejó escapar una infantil carcajada, como quien se ve sorp