Era una tarde fría en Eisblum. La nieve cubría los techos como azúcar glas y el viento soplaba suave, agitando los carámbanos colgantes. Reik estaba solo en casa. Nicolás había ido a trabajar temprano y la abuela Livia estaba en su curso de bordado con las vecinas chismosas.
Reik, con su vientre de casi seis meses, se sentía pesado. Caminaba por la cocina en pantuflas de osito, preparando té de jengibre y revisando la alacena.
—Hmm… debería preparar algo de cena para Nico… —murmuró, acomodándos