Todos al borde del abismo.
Ella negó con la cabeza, llevándose la mano a la boca. Luchaba por no romperse frente a todos. Pero el calor en su pecho subía como una ola incontenible.
—Yo… necesito… perdón —susurró, parándose de golpe. Se llevó una mano al vientre como si así pudiera contener el dolor—. Debe ser el embarazo… no sé qué me pasa…
Reik fue la primera en moverse. Se levantó con rapidez y rodeó la mesa con gracia firme. Llegó hasta ella y la abrazó sin pedir permiso, como una madre que no necesita explicaciones.