CAPÍTULO 51
Mientras Catarina lidiaba con las lágrimas y confesiones en la acera, en el piso veinte, el ambiente en el despacho de Sebastián de la Torre era todo menos pacífico.
Sebastián estaba de pie detrás de su escritorio, revisando un contrato de fideicomiso en su tableta.
De repente, el sonido de voces elevadas en la recepción interrumpió su concentración.
— ¡Señor, no puede pasar! ¡El doctor de la Torre no recibe a nadie sin cita previa! —La voz de Marta, la recepcionista, sonaba alarma