La tarde caía lentamente cuando Maxon apareció inesperadamente en mi oficina. El corazón me dio un vuelco al verlo entrar, sus ojos fríos y su presencia imponente llenaron el espacio con una tensión palpable. Me puse de pie, intentando mantener la compostura a pesar del miedo que me invadía.
—Maxon, ¿qué estás haciendo aquí? —pregunté con voz firme, aunque mi corazón latía con fuerza en mi pecho.
Él se acercó lentamente, su mirada penetrante clavada en mí como si pudiera leer cada pensamiento