Nos encontrábamos completamente agotados, pero teníamos que visitar a Alexis Madrigal. Mi madre y Lucía cuidarían de Raúl mientras tanto. Nuestros tres terremotos pasarían el día con sus tíos Jaqueline, Matt, y el pequeño Rodrigo.
—¿Cómo está el amor de mi vida? —le pregunté a Luzma, dejándole un beso en los labios. Noté que mi hermana Lucía reía mientras sostenía al bebé en brazos.
Luzma rió —Raúl está perfecto.
—Me expresaré mejor: ¿cómo están mis bebés? Mi campeón consentido y la mujer que m