No puedo creer que mi bebé esté desaparecido, o más bien, en manos de ese maldito asesino. Solamente me consuela saber que él no sería capaz de hacerle daño. Lo quiere para tenerme a mí. Toda mi familia está devastada. En estos momentos estoy encerrada en mi habitación, en el suelo, abrazada a su ropita. Lo necesito más que a nadie en el mundo; moriré si no lo vuelvo a ver.
—Luzma, mi amor. —Mi papá intenta abrazarme, pero yo me alejo.
—Déjame tranquila. —Mi voz es un susurro quebrado.
—Te juro