Rebeca pensó que si alguna vez él recordaba su rostro o sacaba la conclusión de que era ella la mujer con la que había pasado la noche de su despedida de soltero, sería más fácil que le creyera que Gabriel era el hijo de ambos.
Alejandro estaba sin palabras.
Su mente era como una película en donde pasaba como escenas, el momento en que él tuvo en sus brazos a Gabriel.
Esa conexión que tuvieron era única.
Los besos y la entrega con total confianza, sin conocerlo y calmarse por escuchar su voz a