—Oh Dios —jadeé.
—Mira eso —dijo, su voz espesa de asombro—. Mira qué perfectamente me recibes. Como si tu coño hubiera sido hecho para mi polla.
Empezó a moverse, despacio al principio, dejándome adaptarme a su tamaño. Pero yo no quería despacio. Quería rápido… duro y desesperado.
—Más rápido —dije—. Por favor, ve más rápido.
No necesitó que se lo dijeran dos veces.
Agarró mis caderas, sus dedos clavándose en mi carne, y empezó a follarme de verdad. El sonido de nuestros cuerpos golpeándose ll