Fleure
La puerta se cierra con un golpe seco, y el barniz de la velada se quiebra de inmediato, como si la noche estuviera esperando solo este gesto para revelar su verdad. El aire aún está saturado del perfume de los flashes y los murmullos. Pero dentro del coche, ya solo estamos Aaron y yo. Y este silencio... un silencio agudo, tenso como una hoja lista para morder.
Aaron no dice nada, sus manos, inmóviles en el volante, tienen ese control helado que me molesta tanto como me fascina. Su perfi