El juramento estaba hecho. Las palabras, pesadas de verdad prometida, aún flotaban en el aire oscuro del salón. Pero entre el decir y el vivir, había un abismo que sus cuerpos, sin embargo, no parecían haber leído.
La mano de Fleure seguía en la de Aaron. Un pacto frágil. Luego, el contacto simple se convirtió en otra cosa. Una calidez que ya no era solo reconfortante, sino que fluía como lava bajo la piel. El pulso de Aaron se aceleró contra la palma de Fleure. Ella sintió el ligero estremecim