Fleure
Su beso aún arde en mis labios, como una bofetada silenciosa. Pero esta vez, soy yo quien devuelve el golpe. Mi mano se eleva sin que la contenga, golpeando su mejilla con una fuerza que me sorprende a mí misma. El sonido seco resuena en el vestíbulo, como un eco irreversible.
Aaron no se mueve, ni un parpadeo. Su mirada negra, fija en mí, es más peligrosa que cualquier respuesta. Siento que mi respiración se acelera, mis dedos tiemblan. Pero no aparto la mirada.
– No estaba en el contra