** Escombros**
El silencio que sigue ya no es un vacío. Es una sustancia espesa, pesada por todo lo que se ha interpuesto entre ellos, como escombros. La confesión de Aaron —la idea de no estar más ahí… es insoportable— permanece suspendida, tan peligrosa como una hoja sostenida por la punta. Él no ha dicho "Te amo". Ha dicho "No puedo irme". Es más primitivo, más desesperado. Es la verdad de la bestia acorralada.
Fleure no retrocede. Lo observa, su cuerpo tan tenso que parece a punto de romperse, sus manos hundidas en los bolsillos como si intentara evitar golpear o tocar. Ve la batalla que arde tras sus ojos, el mismo conflicto que la desgarra: el miedo frente al deseo, la repulsión mezclada con la atracción irracional.
— Insoportable —repite, ya no con un tono de acusación, sino con una profunda fatiga, como si sopesara la palabra y encontrara su peso aplastante. Es una palabra muy grande para un hombre que pasa su tiempo huyendo.
— No estoy huyendo ahora —replica él, su mirada afe