Aaron
El silencio que nos envuelve es denso, dorado, como la miel. Su cabeza reposa en mi hombro, su aliento cálido contra mi cuello. Un ritmo regular, pacífico. Pero bajo mi palma, apoyada en su espalda desnuda, siento un temblor. Un eco del temblor que nunca ha dejado de latir en mí.
Giro la cabeza, coloco mis labios en su frente. Un simple roce. Ella suspira en su sueño, acurrucándose más cerca. Su cuerpo contra el mío es un mapa que quiero aprender de memoria. Cada curva, cada cicatriz, cad