Fleure
El tic-tac del reloj se estira, obstinado, como un latido del corazón demasiado fuerte.
La suite está sumida en una penumbra tibia; solo algunas brasas de luz escapadas de la ciudad recortan los muebles en siluetas vacilantes.
La lluvia, afuera, persiste, un cortina líquida que aísla el mundo tras los cristales.
Aaron permanece frente a mí, tan cerca que adivino el calor de su cuerpo a pesar de la delgada capa de satén que me separa del aire.
Cada respiración se convierte en un eco; c