Fleure
La luz grisácea se infiltra a través de las cortinas cerradas, una fina hoja de metal que recorta la habitación.
Casi no he dormido.
Cada crujido del parquet, cada latido de mi corazón ha servido de vigía. Como si la noche se hubiera sentado al borde de la cama para observarme respirar.
Me levanto antes de que el despertador suene. El aire es frío, cortante. Es ridículo, Fleure. Solo fue una voz. Solo un murmullo detrás de una puerta.
Me repito estas palabras mientras me enjuago la cara,