Al día siguiente tocaron tierra por primera vez.
Las órdenes eran que sólo podían desembarcar los soldados cuyo destino fuera ese puerto, ya que no querían arriesgarse a tener que ir a recuperar soldados ebrios por las calles de esa ciudad, felices por la vuelta al hogar. Aun así, John, Iliana y el capitán consiguieron escabullirse, con la condición de estar de vuelta antes del anochecer.
Por primera vez desde hacía mucho tiempo volvían a pisar una ciudad digna de ese nombre, y mucho más: una