—¡No puedes separarme de mi hija de la noche a la mañana! —rugió Bruno, con la voz entrecortada con una mezcla de incredulidad y miedo. Ese sentimiento le produjo retorcijones estomacales. Estaba furioso por su actitud desafiante; solo quería arreglar las cosas entre ellos, pero ella parecía empeñada en convertirlo todo en una guerra—. No es bueno para la condición de nuestra hija —añadió, apretando los puños.
—Ella no está enferma y puede entender las cosas. ¿Crees que este es un buen ejemplo p