Capítulo cincuenta y uno 51

Bruno alzó el mentón, tenía el ceño fruncido y los músculos de su mandíbula tensos.

—Yo me voy a la habitación. Te espero allí hermanito, para irnos a casa —Gema dejó caer las palabras con una sonrisa pícara, se levantó de la silla, y con un guiño silencioso hacia Alara, les dio la espalda.

Ella se alejó sin mirar atrás, Bruno la siguió con la mirada solo un segundo, lo justo para comprobar que ningún depredador del evento se acercara a ella. Luego volvió a clavar los ojos en Alara.

Él permanec
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