Mundo ficciónIniciar sesiónLa emperatriz viuda persistía en su empeño de verter ceniza sobre los restos de Luxiner. En la penumbra de sus aposentos privados, decorados con tapices que representaban conquistas olvidadas y heráldicas devoradas por la polilla, la anciana magistrada continuaba tejiendo la lenta destrucción de la patria de Catherine. Sus ojos, apagados por los años pero encendidos por una codicia que el tiempo no lograba marchitar, recorrían mapas desgastados donde







