La cúpula de mármol y arcos de ojiva que coronaba el ala más antigua del palacio no respiraba el aire, era una condensación espesa de hollín, cera vieja y el hedor a grasa de cerdp quemada que ascendía en columnas desde las curtidurías del estuario. Allí donde la piedra ancestral se unía con el roble de las vigas, la carcoma había trazado galerías ciegas, reduciendo la madera a un polvo rojizo que caía en una llovizna constante sobre los tapices deshilachados.
La emperatriz viuda no ejercía el