Mundo ficciónIniciar sesiónMientras la humillación de Edward se consumaba en la alcoba, una chispa de piedad cruel brotó en la reina. Reclinándose sobre un cojín de terciopelo púrpura, contempló al guardián atónito.
—Ven a mí —ordenó.
Arrastró las rodillas sobre la piedra fría hasta que el hierro podrido le mordió los tobillos, pero el dolor no era más que un murmullo lejano frente a la fiebre que







