LXXI

El aire en la cámara de la torre más alta de la fortaleza de Luxiner poseía la densidad del plomo derretido y el aroma dulzón e inconfundible de los imperios que se pudren desde el núcleo. Las paredes de sillar, ennegrecidas por siglos de hollín de antorchas y humedades herédicas, devoraban la escasa luz de la luna que se filtraba por las saeteras. 

Amity se encontraba al lado de la reina. Permanecía inmóvil, como un p

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