Mundo ficciónIniciar sesiónDe un solo movimiento brusco, desprovisto de la cortesía cortesana, el Conde extendió el brazo y cerró las oscuras cortinas de terciopelo pesado de la biblioteca, extinguiendo la luz del día y ocultando la estancia en una penumbra absoluta, ideal para el desarrollo del acto prohibido. Él sabía con la certeza de un depredador viejo que Catherine le mentía; reconocía en la textura de su piel que esta conversión casual había s







