—Quiero el divorcio—la voz de Victoria surgió firme. Estaba completamente decidida a terminar con todo.
Por su parte, Massimo no podía creer lo que acababa de salir de sus labios. La miró con sus ojos entornados. ¿Se había vuelto loca?
—¡De ninguna manera!—se negó rotundamente.
—Sabes perfectamente que no tiene caso continuar con este matrimonio.
—Eso solamente lo decidiré yo.
—¡Lamento decirte que no estás solo en este barco!
—¡Pues eso debiste pensarlo antes de decirme que sí, Victoria!