El viaje fue todo menos agradable. Gerónimo trató de hacerse el simpático colocando música y meneando la cabeza al ritmo de la misma.
Para él, nada malo sucedía. Como si ella pudiese olvidar que la había chantajeado, para luego cometer el absurdo de decirle la verdad a Massimo.
«¿Qué tan enfermo se debía estar para hacer algo como eso?», se preguntó la mujer dedicándole una penetrante mirada a su compañero.
Sin duda, Gerónimo no estaba en sus cabales. Y ni siquiera entendía por qué hacía tod