Massimo no podía apartar los ojos de la hermosa mujer que estaba desnudándose delante de él. Ella era hermosa, sensual y lo tenía totalmente fascinado. Se sentía perdido desde el momento en que descubrió el sabor de sus labios, los mismos eran adictivos como su piel, toda ella era una delicia que no se cansaría de degustar.
—Victoria—susurró su nombre invitándola a acercarse a la cama.
La joven, que solo llevaba una tanga de encaje negro, se aproximó con cautela. Podría jurar que sentía vergüe