—Me alegra que todo haya salido bien—la felicitó Gerónimo en una cafetería cercana a su casa.
—Así es—Victoria asintió—. Desde entonces no ha dejado de llamarme, pero decidí no contestarle.
—Eso está bien, hazte la difícil.
Gerónimo dio otro sorbo a su café y la miro fijamente. Victoria se veía radiante como siempre, aunque no parecía mostrarse muy contenta.
—No te preocupes, si todo sale bien. Acabará pronto—la consoló con una sonrisa.
—Eso espero.
Victoria recordó el encuentro con Massimo y a