La mujer miró atentamente sus uñas, pensando en lo idiota que era su hijo. Ya en una ocasión una mujer lo había timado y ahora pretendía nuevamente caer en el mismo abismo.
«¿De quién había sacado esa cualidad tan enamoradiza?» se preguntó.
Sin duda, no era de ella. Una frialdad innata era lo que se necesitaba en el mundo de los negocios, pero eso parecía ser mucho pedir para un hombre como Massimo.
—¿En qué piensas, madre?
—En la estupidez de tu hermano—Karla no entendió de qué hablaba—. ¡