Dentro de un auto estacionado, a poca distancia de donde Vanessa estaba, Dante apretaba los puños con furia contenida.
Sus ojos, oscuros y llenos de ira, habían seguido cada movimiento de su hermano Donatello y de Vanessa, aunque lo intentaba férreamente, no podía sacarla de su mente.
Así que de vez en cuando la seguía tan solo para verla por un momento, aunque después la cruda realidad lo golpeaba y se reprochaba por su comportamiento, por su falta de voluntad para olvidar y ya no ver a Vanes