Vitto Santori estaba parado frente al edificio de la empresa Coldwell, con las manos en los bolsillos de su abrigo, el rechazo de Darius le quemaba el pecho. Había intentado acercarse a su hijo esa mañana, entrando al corporativo con la esperanza de hablar, de explicarse.
Pero Darius, con los ojos llenos de furia, lo había echado sin miramientos. “No te quiero aquí. Vete”, le había dicho, antes de cerrar la puerta de su oficina en su cara. Vitto no sabía cómo llegar a sus hijos, pero no se rend