Vanessa permaneció en la cama por lo que parecieron horas, mientras su cuerpo era sacudido por los sollozos, ¿Cómo había podido ser tan tonta? ¿Cómo había creído que Dante realmente la amaba?
Finalmente, cuando las lágrimas se secaron y solo quedó un dolor agudo en su pecho, se levantó y se vistió mecánicamente. Se miró en el espejo, apenas reconociendo a la mujer destrozada que le devolvía la mirada.
— Eres una Coldwell —se dijo a sí misma, su voz ronca por el llanto— Eres más fuerte que esto.