María Paula
Abrí mis ojos. Cuando mis padres hablaban conmigo, una enfermera ingresó para sedarme. Los nervios habían jugado fuertemente conmigo. Por momentos comenzaba a temblar, la instrucción médica era mantenerlos calmados. Al moverme, sentí el peso a un lado, enfoqué bien, el cabello rubio de Alexey fue fácil de distinguir.
Se había quedado dormido, apoyado sobre la camilla, cerca del muslo. Le acaricié la mejilla, pero no se despertó. Mis ojos se humedecieron, nunca perdí la fe en que él