Ernesto
Llegamos al hotel sobre las cuatro de la madrugada. Mi madre corrió a abrazarme cuando ingresamos al apartamento hotel, me llenó de besos y ante esa muestra de amor me aferré a ella. Sus ojos azules seguían igual de intensos.
—Gracias a Dios, regresaste.
—Ese era el plan, mamá. Solo era papeleo. ¿Me estabas esperando?
—En parte —abrazó a Carlos y a David—. El lugar es de cuatro habitaciones, a los guardaespaldas los mandé a dormir a la habitación que alquilaron. Egan y Eugenia utilizaro