María Paula
Me había levantado temprano, los adultos ya hablaban en el balcón. Con un pocillo de café en sus manos.
—¿Crees que se reconcilien?
—Se quedó a dormir en el cuarto y no ha salido, eso me hace tener esperanza. —respondió Virginia.
—¿Ernesto, llegó? —Virginia se asustó, Carlos bebía un café y David parecía que había hecho ejercicio—. Buenos días, lo siento.
—¿Cómo amaneció, Alexey? —El sonrojo me delató. Los mañaneros con mi marido eran alucinantes.
—Muy bien, con un poco de dolor en