Eugenia
Desperté, y al abrir mis ojos, Egan dormía a mi lado, estaba en camiseta blanca y en bóxer, aún era de noche. No me importó nada. De la felicidad lo abracé y mi gesto lo despertó. Tocarlo y abrazarlo era lo que tanto necesitaba.
—Rizos, no hagas movimientos bruscos. —Lo besé, una sensación regocijadora me envolvió por completo. Correspondió al beso de manera demandante. Cada vez aumentábamos las caricias, nos estábamos excitando—. Si no te detienes, no responderé. Sabes perfectamente có